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Marzo 7, 2010 - Tercer Domingo de Cuaresma

Leccionario Dominical, Año C

Preparado por el Rvdo. Richard J. Aguilar


Éxodo 3:1-15; Salmo 63:1-8; 1 Corintios 10:1-13; Lucas 13:1-9

Cada uno de nosotros a lo major recordamos lo que sucedió la mañana del 11 de septiembre 2001 cuando hubo los actos de terrorismo en este país. Fue como soñando una pesadilla. Tal vez lo vimos por la televisión; lo escuchamos por radio, o nos dimos cuenta por un vecino o compañero de trabajo. Hasta algunos estuvieron o residen cerca de Manhattan. Es posibile que conocimos personalmente a un amigo o familiar que falleció ese día. Todos sintimos un dolor profundo por las personas inocentes que murieron. Nos preguntamos uno al otro, “¿Cómo pasa esto?”

En una de las historias de la Biblia algunos le hacen una interogativa a Jésus sobre la matanza de unos galileos mientras que ellos ofrecían su sacrificio ritual. Ese hecho horible fue provocado por unos soldados de Poncio Pilato. Además los opresores cometieron una blasfemia religiosa y una acto inhumano cuando mezclan la sangre de los asesinados con la sangre de los animales sacrificados. ¿“Cómo pasa esto?” En su respuesta, Jésus menciona otro incidente donde mueren unas personas. Sucede un desastre cuando una torre llamada Siloé en Jerusalén se derrumba. ¿“Cómo pasa esto?”  No solament hacemos estas preguntas sino que nos preguntamos al hacer unas reflecciónes teólogicas: ¿“dónde hay culpa”; y/o “dónde hubo pecado?” Y Jesus nos da una advertencia cuando nos dice: si ustedes mismos no vuelven a Dios también morirán.“

En ambos casos personas murireron sin aviso. Quizás no hubo tiempo para un arrepentimiento de pecados. No se pudo hacer nada para esos galileos que fallecieron bajo la torre de Siloé, ni para los estuvieron en las torres gemelas de Nueva York en el día 11 de septiembre.  Tampoco pudiemos hacer algo para los muertos después del terremoto en Haití. Se puede juzgar acerca del porqué de esos desastres, pero Jesús rechaza tal actitud.  Jesús ofrece un camino de perdón, perseverancia, y paz.  En la oscuridad no se puede comprender o no hay explicación. Jesús es Luz y Vida y quien enciende una llama de esperanza. Jesús el Cristo nos construye una torre de luz. Jesús es un puente para caminar hacia Dios para los que creen y confían en Cristo.

Jesus nos habla como un profeta cuando nos llama al arrepentiminto. El arrepentimiento require una respuesta directa y fuerte. El arrepentimiento, pide que uno cambie su actitud y acción de vida. El arrepentimiento nos dirije a una vida sincera, segura, y sana. En un mundo donde se encuentra falsedad, incertidumbre, e insanidad, se llora en los dolores de parto por el arrepentimiento. Jesús nuestro Salvador ofrece misericordia en nuestro arrepentimiento. Se ha dicho que, “El arrepentimiento arrastra, pero la misericordia corre.” Hay que correr hacia Jesús y caminar con el Cristo para acoger su mensaje de salvación. No se puede demorar la necesidad de tener la presencia de Dios en nuestras vidas. ¿“Cómo pasa esto?” Nuestra redención en Cristo es un don de Dios dado por la muerte y resurrección de Jesús. Nuestra reconciliación en Cristo sucede porque Dios es fiel y nos invita a que seamos fieles. En la vida con la presencia de Cristo cualquiera prueba es soportable. Cada problema tendrá resolución por la confianza en el poder y perdón de Dios.

Los problemas en el país de Haití son enorme. Antes del terremoto de enero 2010 los residentes de esta nación sufrían mucho. Haití ha pasado por la esclavitud, la invasión extranjera; dictaduras, deuda económica exhorbitante, inestabilidad política y una población que sobrevive en una diaspora física y espiritual. Pero nosotros que conocemos a la comunidad haitiana sabemos que hay más que un perfil de negligencia y pobreza. Los haitianos son generosos, alegres, muy trabajadores, fuertes, y sobretodo son fieles a la presencia de Dios. Conocen a Cristo como Salvador, Redentor, y Reconciliador, y confían en la plentitud de la gracia de Dios. Pero como otras comunidades, ellos saben muy bien que la vida es precaria.

La estación de la Cuaresma nos recuerda que la vida es precaria y que el ser humano es una criatura mortal.  En el Miércoles de Ceniza confesamos esa mortalidad cuando recibimos ceniza sobre la frente de la cabeza, y oímos, “Polvo eres y al polvo volverás.” Este hecho es un tocar y un llamamiento a que el ser humano volverá a ceniza y polvo y que cada alma del creyente será recibida por la misericordia de Dios en Cristo. La perserverancia y paciencia de Cristo nos invita a la compassión de Dios que es ofrecida a toda persona.

Es una maravilla lo que ha sucedido después del terremoto de Haití. Milliones de dólares se donaron la noche de ese desastre. La technología cibernética permitió que se responda generosmente a una pueblo generoso y con necesidad. Equipos de rescate, médicos, enfermeras y otros han viajado a Haití para ser la presencia de Dios a aquellos que preguntan, ¿“Cómo pasa esto?” A raíz de ese desastre se está desarollando una conscientización de lo que es este país del Caribe. Sabemos más de la historia, cultura, circumstancias, y el pueblo lindo de Haití. Hay oportunidad de conversión espiritual cuando escuchamos, comprendemos y tenemos compassion por otro ser humano. Al acatar esa oportunidad, tenemos una transformación que nos deja caminar en los pasos de un hermano al igual como Jesús camina con su pueblo. Jesús escucha, comprende, y ofrece compasión en el nombre de Dios Padre.

En otra ocación, Jesús cuente una parábola acerca de una persona y una higuera plantada en su viñedo. Es un ejemplo sencillo y común, y contiene un mensaje de salvación. Ese mensaje es que Dios nos recibe a su presencia. Dios nos invita a su misericordia. Dios en su amor nos concede la gracia. Esta vida en Cristo nos da una oportunidad para lograr los dones de Dios. Esta vida nos da la libertad de que ninguna cosa o criatura nos puede alejar del amor de Dios. Somos una comunidad de liberación que puede vivir con la promesa que nada nos separá de la presencia de Dios en Cristo. Cristo es nuestro Libertador y Redentor. Pero tenemos que buscar esa redención para apreciar sus beneficios.

Hay un ejemplo de una historia de la redención en este país. Hacen muchos años en los Estados Unidos, los supermercados tuvieron un programa de libros de cupones. Con cada compra se le regalaba cierta cantidad de cupones de color verde. El comprador guardaba sus cupones en un librito. Cuando se llenaba el librito de cupones uno iba a un centro para escoger una mercancía. Los productos eran para todas persona de todas edades. Habia ropa para las mamas; herramientas para los papas, y juegetes para los niños. ¡Qué alegría para esa familia cuando se juntaban suficientes cupones! Caminaban al supermercado. Se presentaban en el centro y recibían su regalito! El nombre de ese centro fue el ‘Centro de Redención’.

La vida cotidiana es un camino hacia la redención en Cristo. En el camino encontramos alegrías y pesadillas. Hay riqueza y pobreza. Se experimenta tiempos prósperos y momentos de escasez. Vivimos en salud y sobrevimos en enfermedad.  Pero tenemos la promesa que Dios siempre nos acompaña. Nosotros sencillamente colecionamos los cupones de la vida y los ofrecemos en el altar de la Redención. Tenemos y tendremos regalos dados por Dios en Cristo.

La vida redimida en Cristo es una maravilla misteriosa. Se require fe, confianza y amor para perseverar en un peregrinaje espritual. Tenemos que empezar hoy y cada día a buscar esas maravillas divinas. Hay que encontrar esos misterios para el alma. Tenemos que volver a Cristo y recibir la redención de Dios.


— El Rvdo. Richard J. Aguilar es sacerdote de una congregación que es bilingüe y multicultural de la iglesia Episcopal por nombre Saint Margaret’s y San Francisco de Asís en Miami Lakes, Florida que pertenece a la Diócesis del Sureste de Florida. Richard nació en San Antonio, Texas, y es nieto de abuelos Mexicanos. Richard celebra veinte y cinco años de matrimonio con su esposa Janet Figueroa quien es de Managua, Nicaragua. Su hija Michelle tiene diez y seis años y estudia en Hialeah-Miami Lakes high school.


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